La migración: fronteras para el amor?

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La semana pasada dio la vuelta al mundo la noticia del fallecimiento del hijo del guardameta mexicano Pablo Larios, mundialista en 1986, quien falleció por deshidratación al cruzar la frontera de Estados Unidos, días después que su familia lo reportara como desaparecido

Según lo reportado por la Agencia de noticias EFE, el joven luego de cruzar ilegalmente la frontera de Estados Unidos por la zona de río Bravo en Reynosa, noreste de México, no pudo soportar las condiciones y murió por deshidratación. Esta zona es una de las más utilizadas por los mexicanos en su intento de cruzar ilegalmente a Estados Unidos. Las estadísticas reportan que entre el 1 de enero y el 30 de julio de 2008 han fallecido un total de 48 personas, al intentar cruzar.

Pero, ¿qué es lo que llevaría a alguien a exponer su vida de esa manera? Su madre anunció a los medios que el motivo por el cual el muchacho había decidido cruzar ilegalmente a Estados Unidos fue simplemente amor, él iba en busca de su novia.

Uno se pregunta ¿y por qué no solicito simplemente una visa? De acuerdo a las declaraciones hechas por su madre, la visa del joven de 19 años había caducado, supongo que el muchacho intentó conseguir una visa en la Embajada Americana y lo más probable es que se la hayan negado. En caso contrario, él no hubiera optado por la medida extrema que lo llevó a la muerte.

¿Es justo esto?,  ¿Hasta qué punto la Soberanía y la protección de las fronteras son un argumento valedero para separar amores o destruir relaciones? ¿Por qué no hay una misma política en todo el mundo?, ¿Por qué algunos países si entienden el concepto de familia y hogar y a otros sólo les preocupa preservar su idiosincrasia?

Quizás hayamos escuchado historias de parejas separadas, personas que dejan su país por el intento de buscar una mejora y que, en lugar de recibir eso al momento de buscar una reagrupación, ven frustrados sus sueños y esperanzas cuando les niegan la visa a su familia.

Escuchas, ves las noticias o te las cuentan y te dan pena o cólera, pero no las entiendes de verdad hasta que no te pasa a ti o a alguien cercano.

Estuve a punto de casarme, llevaba tres años con mi novio y él se había sacado la “Deseada” lotería de visa. La situación laboral y económica en mi país por ese tiempo no era tan óptima como la de hoy, así que él decidió aceptar el premio de la soñada GREEN CARD e irse a USA en busca de una mejora económica para poder constituir un hogar sólido. Viajó a USA, recibió su Green Card y regresó para casarnos. Al averiguar sobre el tiempo de espera, recibimos la mala noticia que era un promedio de 3 o 4 años, demasiado tiempo para que un matrimonio que recién se iba a iniciar pueda soportar una separación, así que decidimos que mientras duraba la espera sacaría mi visa de turista y así podría ir a verlo por lo menos en mis vacaciones.

Ya había iniciado mis trámites de matrimonio, y había separado mi cita en la embajada, estaba segura que me darían la Visa, yo ya tenía casi tres años en mi trabajo, era una servidora pública, una persona con profesión, que ya había salido de viaje al extranjero y que obviamente, como Inspectora de Migraciones, conocía las normas migratorias y deseaba hacer todo por lo legal.

Llego el día de la entrevista y en lugar de salir feliz, salí con mis sueños rotos: me negaron la visa. Sin explicarme el por qué, sin darme razones. Sentí que las cosas se habían puesto color de hormiga, pero no me di aún por vencida, pensaba en mi amiga del colegio que valientemente esperaba a que transcurrieran los años para que  le dieran la visa ante el pedido que había hecho su esposo que era residente en USA, así que por amor estuve dispuesta a soportar esos largos años.

Al mes, recibí una noticia que cambió el destino de mi vida: a mi amiga le negaron la visa. Ella había soportado una larga espera de más de tres años para que finalmente sólo haya sido un tiempo de sufrimiento lejos de su amado. Gracias a Dios, el amor entre ellos era verdadero, él volvió dejando todos sus sueños y sus esfuerzos en el llamado país de las oportunidades.

Mi caso fue distinto, él se fue a perseguir el sueño americano y yo me quedé. Era demasiado el tiempo de espera y altas las probabilidades que finalmente me sucediera lo mismo que a mi amiga. La vida no está hecha para sufrir -me dije-  así que si alguien me ama, hará su vida a mi lado.  Lo que paso después fue el final de mi historia de amor, y ahora sé que es lo más sano que pudo pasarme, no me hubiera gustado estar en el lugar de otras personas que por continuar su historia de amor, terminan cayendo en el mundo de Hades, sin sueños, sin oportunidades, sin vida.

Busquemos la manera de evitar más dolor, que el viaje en busca de una mejora fuera de tu tierra sea algo que cause alegrías al final y no penas ni llantos; unamos esfuerzos, aportemos ideas y busquemos soluciones para que no mueran más personas cruzando fronteras y para que estas no sean fronteras al amor.

Marinela Jara

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Posted by RESPECT Refugiados   @   15 September 2008 0 comments
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